Cada vez que esta ciudad rota -que ha renunciado de su histórica alma y malvive en su aridez cultural- aguarda con nova complacencia el resurgimiento de su osamenta constructiva que se fue formando bajo un inmenso cielo azul, hecha de pura sangre y sudor, con mucho de embrionaria, de rrojo férrico que transmite su propio resplandor a medida que se vuelve corpórea y sustanciosa; cada vez que esta ciudad rota se enardece -por pura necesidad- de su anciana imp [...]