martes, 23 de septiembre de 2008

Cada vez que esta ciudad rota -que ha renunciado de su histórica alma y malvive en su aridez cultural- aguarda con nova complacencia el resurgimiento de su osamenta constructiva que se fue formando bajo un inmenso cielo azul, hecha de pura sangre y sudor, con mucho de embrionaria, de rrojo férrico que transmite su propio resplandor a medida que se vuelve corpórea y sustanciosa; cada vez que esta ciudad rota se enardece -por pura necesidad- de su anciana importancia, de su materialidad perenne; cada vez que resucita en el espacio urbano que siempre la desfigura -congénere al mismísimo Lázaro salido de su tumba- y, con serena piedad hacia sus habitantes, revela su belleza ancestral sin la miseria de los que la explotan; cada vez que esta ciudad rota se apoya en el amor y la admiración de aquellos que se atreven a socorrerla en su maldita decadencia con las esencias de la naturaleza verdadera, mimándola por habitarla con alegría; cada vez que esta ciudad rota se desprende de las costras que la enferman y abre su pecho para ofrecer su elixir de juventud eterna, no es más que el fruto de una nueva amenaza, la víctima perfecta de seres codiciosos y el sueño perdido de quienes la adoran en silencio.


Publicado por a-guil @ 23:48
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